martes, 18 de mayo de 2010

EL SECRE ANALIZA EL PROCESO ELECTORAL Y "EL POSICIONAMIENTO DE NINGUNO"



Causas de la victoria de Ninguno, de la derrota del PRD y del triunfo relativo del PLD.

Por Narciso Isa Conde

La banalización de ciertos medios de comunicación y de ciertos analistas políticos los lleva a no leer el real significado del notable incremento de la abstención en las elecciones recién pasadas (alrededor del 60 por ciento) y a establecer causas superficiales de la derrota del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y de la victoria relativa del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuando no a presentar motivos realmente secundarios.

En esta oportunidad el escenario de votantes se redujo más que antes a la parte de los electores más proclive a dejarse envolver, atraer y manipular como clientela política.

Esto tiene que ver con la conversión de más en más del PLD, del PRD y de sus partidos satélites (incluido ya el desvencijado PRSC), en dos grandes y enriquecidas compañías por acciones, sin mayores atractivos que su capacidad para generar voluminosas clientelas políticas.

La todavía potente gravitación de esos dos partidos del sistema, su enorme capacidad para corromper y corromperse de arriba hacia abajo y hacia los lados, ha convertido progresivamente en nueva clientela una parte de lo que antes era ciudadanía y transformado en mayor escala sus equipos dirigentes en partidocracia parasitaria de las instituciones del Estado, de los negocios del Estado, de los vínculos mercuriales del Estado con determinados empresarios y de la asociación de las funciones públicas con las más variadas actividades delictivas, incluidos los narco-negocios. Al mismo tiempo ha expulsado del sistema, por el rechazo generado, a una parte importante de la población electoral, que ha dejado de ser masa votante.

Ese proceso, común a ambas agrupaciones, acompañado de su paso reciente por las instituciones estatales, le ha dado al PLD y al PRD la supremacía en el sistema partidista en la misma medida en que la pérdida de posibilidades en ese plano y la muerte de su caudillo-fundador, Joaquín Balaguer, han provocado la declinación vertiginosa del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), ahora en vía de extinción.

Bipartidismo desequilibrado y del peor tipo

De esa nueva correlación de fuerza ha resultado un nuevo bi-partidismo, cónsone con una notable -aunque desigual- capacidad de captación de clientela y de satelización de los partido menores; fenómeno que en estos comicios absorbió a la parte de la izquierda tradicional con matricula electoral (MIUCA-PCT, MPD Y FR), la cual desde su debilidad integral y desde su falta de confianza en sí misma -mellada además su identidad revolucionaria por el oportunismo político- no resistió la tentación de buscar ilusorias cuotas de “sobre-vivencia” aliándose al PRD y confundiéndose en gran medida con sus aliados de ocasión; cosechando solo crisis interna y descrédito.

Y digo “nuevo bipartidismo”, porque ya no es aquel de los doce años y de tiempos inmediatos posteriores, con una parte totalmente podrida (el PRSC balaguerista) pero con otra mucho menos maleada (el otrora PRD liberal, democrático y con cierta mística, aunque camino a la degradación progresiva); ni tampoco el que efímeramente representó el todavía no corrompido y no neo-liberalizado PLD de Juan Bosh frente al gobernante PRSC en tiempos de declinación temporal del PRD.

Ahora esa bipolaridad electoral luce en gran medida podrida y por demás neo-liberalizada en las dos vertientes que la integran. La degradación de ambas partes viene de lejos, pero ciertamente se aceleró y multiplicó en los últimos años, durante las administraciones de Leonel Fernández-PLD y la de Hipólito Mejía-PRD, que han llevado a esas organizaciones a niveles extremos de perversión política.

El gobierno de Hipólito Mejía hundió de mala manera al PRD y creó las condiciones para su corporativización desde los intereses privados que representó principalmente Miguel Vargas Maldonado, implementada ésta con un alto grado de mediocridad y un significativo contubernio utilitario que incluye hasta acuerdos soterrados con el propio Leonel Fernández y sus cárteles de la construcción comandados por Diandino Peña y Félix Bautista.

En el caso del PRD esa reciente mutación de todas maneras dejó latente la pugna entre esa nueva gerencia partidista privatizadora y el acumulado corrupto y populachero del ex presidente Mejía, ahora con tendencia a potenciarse de mala manera por la derrota sufrida para favorecer más aun a Leonel y al PLD.

El gobierno de Hipólito dejó marcado casi en forma irreversible al PRD como un partido no solo pro-neoliberal, con una dirección predominantemente corrupta, sino también caótico, incapaz e ineficiente dentro de su maldad. Esa pesada carga ha perdurado hasta estas elecciones, penalizando al conjunto perredeista y creándole un serio problema a Miguel Vargas y a sus socios que torpemente se pusieron la frente de la estructura partidista y de estos comicios de medio tiempo a la vez de seguir aspirando a la candidatura presidencial de ese partido, cargando sin escapatoria con el pesado fardo de este revés.

Por su parte, las dos últimas administraciones de Leonel Fernández, pero sobre todo la más reciente, han roto record de descaro en materia de corrupción, clientelismo, articulaciones con el narcotráfico y enriquecimiento personal; llegando a proyectar inequívocamente la connotación de narco-estado y de narco-gobierno del poder establecido bajo su mando político.

La diferencia de ambas corruptela es que mientras la del PRD es desordenada, ineficiente y dispersa; la del PLD es bien orquestada, bien estructurada y bien manipulada: con propósitos y planes de perpetuación bien definidos, con sistemas y mecanismos para garantizar su reciclaje creciente en las instituciones establecidas, vía la ampliación de su clientela y el enriquecimiento vertiginoso y concentrado a favor de Leonel Fernández y de sus socios en el poder.

Otra diferencia es que Leonel Fernández en persona ha ejercido en esa tesitura tres periodos recientes de gobierno, lo que incrementa por sumatoria su poder económico y su experiencia en el uso de los resortes del poder para ejecutar todas las diabluras del mundo. Unido a un talento colectivo e individual muy superior al que ha conducido al PRD después de la muerte de Peña Gómez y además con mejores vínculos -por esas razones y otras razones- con la oligarquía tradicional y el imperialismo estadounidense.

Todo esto le da ventajas mayores al PLD sobre el PRD, al punto de incluso ser manipulable en cierta medida este último por el primero. Ambos, dadas sus respectivas colas sucias, chantajeables en igual medida por las administraciones estadounidenses y por todos los poderes conservadores a nivel interno e internacional.

En los recién pasados comicios congresuales y municipales la cúpula del PLD potenció e hizo un uso extremo de todas esas ventajas en el contexto de un mercado electoral denominado por las prácticas clientelistas desde todas las ofertas. Salvo en el aspecto represivo, la dirección del PLD superó con creces todas las experiencias balagueristas pasadas en lo que se refiere a volcar el poder del Estado y las arcas de la corrupción en una “competencia electoral”.

La cúpula peledeista mejoró su maquinaria corruptora provincia por provincia, instrumentando sistemas apabullantes de mercantilización de la política, de mayor envilecimiento del electorado por el clientelismo y de publicidad abrumante. El derroche de recursos y de millones de pesos rompió todas las marcas anteriores de ambas partes, pero siempre con una enorme ventaja del oficialismo por contar éste con una acumulación de recursos y medios muy superiores a la mal llamada oposición. Y esto ha desequilibrado en alto grado la bipolaridad a favor del PLD, fortaleciendo su control del Estado delincuente, estimulando su tendencia despótica-autoritaria y creando mejores condiciones para precipitar en grande la declinación del PRD.

Creció y ganó el voto por ninguno en forma de abstención

Eso operó sobre un escenario electoral descantado entre una parte de la población electoral que ha quedado entrampada –muchos de sus integrantes por necesidades perentorias fruto del empobrecimiento creciente de la sociedad y por la ignorancia inducida desde el poder- en la competencia clientelista (acompañada en grado cada vez menor de algunos sectores llenos de dudas y en procura de influir limitadamente dentro de ese medio podrido); y otra parte cada vez mayor que se ha asqueado de la escoria exhibida por los dueños de esa “competencia” y que en tales circunstancias se ha convencido de la validez de no avalar con el voto a los candidatos de esas boletas espurias para ilegitimizar al máximo los resultados.

De esa convicción brotó la idea del voto por Ninguno, en medio de un crecimiento significativo de la tendencia a la abstención, en la que ha estado presente la determinación de una parte significativa de los no concurrentes a las urnas de castigar de alguna manera a esa partidocracia despreciable.

Esa idea se coló por todos los rincones de la sociedad, agregándose a la que podría ser la abstención crónica por indiferencia, apoliticidad, ausencias, compra de cédulas o imposibilidad y/o dificultades mayores para votar, nunca superior a un veinte por ciento.

Como la actitud de votar por ninguno, de rechazar expresamente las propuestas de la partidocracia no encontró canal institucional medible (por la negativa de la JCE a incluir una casilla con esos fines), se potenció entonces significativamente el no votar -y en menor medida la anulación del voto- hasta alcanzar porcentajes record al superar la abstención el 60% de los/as electores/as inscritos/as en las principales ciudades del país y al registrarse 150 mil votos nulos.

El enorme rechazo que se ha incubado en la sociedad contra esos dos partidos y sus fuerzas satélites, todavía fuertes en término de clientela captable por ellos, explica el por qué ya no hay una franja de participantes en las votaciones que le otorgue la mayoría de las electores a uno de ellos; e incluso explica el porque los dos juntos no llegan a representar ni siquiera la mitad de los electores. En realidad los candidatos electos en estos comicios a penas representan en cada caso el 20 por ciento o menos del total de electores.

Esa realidad motivó la victoria del voto por ninguno en forma de abstención, lo que a su vez ha creado una importante reserva, una fuerza potencial -todavía no activa ni coherenciada- que de tomar las calles, articularse y organizarse podría catapultarse en un futuro próximo como alternativa a la partidocracia.


Por otro lado, las características del PLD y del PRD como principales agentes de atracción del mundo político clientelar, explican el por qué el PLD ha superado con creces al PRD en estas “elecciones”. Mas en el plano congresual (que es una instancia más manipulable desde una programación-maquinación electoralista) que en el plano municipal, donde operan otros factores más locales y menos controlables desde la maquinaria central; pero, en fin, en ambas vertientes con amplios márgenes de ventaja a favor del PLD.

En un sistema tan cerrado y oligopolizado es lógico que lo potencial-alternativo se exprese como rechazo a la partidocracia, como resistencia a votar y no como votación alternativa; aunque ciertamente en algunas comunidades pequeñas, menos controladas, se dieron muestra de insumisión electoral en favor de candidaturas populares colocadas en boletas de partidos menores del sistema tradicional, lo que en pequeño revela también el agobio de la gente frente a la actual dominación política.

Al PRD se le atribuye haber impuesto desde arriba, sobretodo a nivel congresual, los peores candidatos. Pero al PLD no se quedó tan atrás en ese orden. Ese factor pudo influir en uno u otro lugar para ampliar los reveces, pero en realidad forma parte de una esencia común a ambas organizaciones, las cuales exhiben muchas similitudes en las peores características de su devenir político.

El PRD perdió del PLD a veces con sus “mejores” propuestas y a veces con sus “peores”, y viceversa; sin que falten casos en que los “más malos” produjeron en ambos casos los mejores resultados “electorales”.

El tema crucial es que cuando la competencia es entre fuerzas corrompidas y corruptoras –ambas con posicionamientos políticos similares- la posibilidad de victoria se inclina a favor del que tenga mayores posibilidades de desplegar sus cualidades negativas, sus recursos distorcionantes y su vocación por las fechorías. Y ciertamente el PLD ahora mostró más garras y poseía más recursos para el ejercicio de la maldad, sin que por ello sea peor o mejor que el PRD de hoy.

Ø El devenir se decidirá en las calles primero que en las urnas

Otra cosa es el devenir del país a partir de estos resultados y de los cambios que en el cuadro político y en la correlación de fuerzas habrán de registrarse en los próximos meses, dado que el PRD queda muy mal parado en lo adelante, la parte de la izquierda tradicional que le siguió los pasos corrió peor suerte en su aberrante aventura, el PLD (con el incremento de su hegemonía forzada y podrida) pasará posiblemente a ser blanco de una necesaria insubordinación social y política producto del descontento acumulado y de las terribles secuelas económicas del derroche gubernamental…mientras la nueva izquierda social y política en gestación tiene el reto y la posibilidad de estructurarse, llenar el vacío opositor y ganar las calles y el corazón del pueblo.

El cuadro resultante de esta coyuntura electoral apunta en dirección a que posiblemente el devenir del país -en cuanto al destino y despliegue de la imperiosa necesidad de romper este circulo vicioso que lo empeora todo- habrá de decidirse en las calles primero que en las urnas. Pero ese es un tema que nos proponemos analizar más detenidamente en nuevas entregas.

18 de marzo, 2009.